LA HABANA — Assata Shakur, nacida Joanne Deborah Chesimard, murió este jueves en La Habana a los 78 años, tras pasar más de cuatro décadas bajo la protección del régimen cubano, que se negó a extraditarla pese a los reclamos de Estados Unidos.
Shakur fue miembro de los Panteras Negras y del Ejército de Liberación Negra. En 1977 fue sentenciada a cadena perpetua por el asesinato del policía estatal Werner Foerster en Nueva Jersey. Menos de dos años después, un comando armado la ayudó a fugarse de prisión. Desde entonces se convirtió en prófuga, hasta que en 1984 reapareció en Cuba bajo el amparo de Fidel Castro.
Mientras el FBI la incluyó en su lista de “terroristas más buscados”, La Habana la exhibió como un trofeo de su política antiestadounidense, presentándola como víctima del racismo en Norteamérica. Durante décadas, Washington exigió su entrega sin éxito.
Las autoridades de Nueva Jersey lamentaron que “la justicia nunca se cumpliera” para el asesinato de Foerster. En un comunicado, el gobernador Phil Murphy y el jefe de la Policía Estatal afirmaron que Shakur murió “sin rendir cuentas por sus crímenes”.
El caso de Shakur ejemplifica cómo la dictadura cubana convirtió a la isla en refugio de prófugos, guerrilleros y terroristas internacionales, bajo el argumento de la “solidaridad revolucionaria”.
