El curso escolar 2025-2026 comenzó en Cuba con un déficit de más de 24 mil maestros, situación que ha generado cierres temporales de escuelas y sobrecarga laboral para los docentes que permanecen en el sistema. Profesores entrevistados coinciden en que los bajos salarios, que oscilan entre 3 mil y 6 mil pesos mensuales (7 a 13 dólares en el mercado informal), son la principal razón del abandono del magisterio.
“Por cuatro mil y pico de pesos no vale la pena tanto jaleo”, comentó Zaida, profesora de secundaria básica en La Habana, quien decidió renunciar ante la combinación de robos en la escuela y presión policial.
Los salarios cubanos contrastan con los de otros países latinoamericanos pobres: en Paraguay un docente recibe 416 dólares y en El Salvador 430 dólares mensuales, más de treinta veces lo que perciben sus homólogos en Cuba.
Condiciones precarias de las escuelas
El deterioro de la infraestructura escolar es generalizado. Los baños están sucios, los bebederos no funcionan y la mayoría de las computadoras disponibles son de segunda generación y están rotas. A esto se suma la falta de internet gratuito en las instituciones educativas, limitando el acceso a herramientas digitales y programas de enseñanza avanzada.
Raudel, funcionario municipal de Educación, explicó que las reparaciones y el suministro de materiales son insuficientes: “Se va a racionar la entrega de libretas y lápices. Los alumnos recibirán una libreta para dos asignaturas y solo dos lápices por semestre. En uniformes, solo se pudo confeccionar 2,2 millones de los 3,6 millones requeridos”.
Padres cubanos asumen los costos educativos
El alto costo de la educación recae directamente sobre las familias. Una madre de dos hijas relató que en un solo año puede gastar hasta 20 mil pesos en uniformes, mochilas, calzado y material escolar, sin incluir la merienda diaria. Otros padres recurren a clases privadas con maestros jubilados para evitar el adoctrinamiento ideológico y mejorar la calidad educativa de sus hijos.
Dunia, madre de una niña de 8 años, señaló: “No tengo recursos ni familiares en el extranjero. Mi hija irá a la escuela con ropa de calle y si no hay merienda, se queda en casa. Cada vez que haya un apagón, no irá al día siguiente”.
La visión oficial versus la realidad
Mientras los medios estatales destacan la “resistencia creativa” y la unidad del sistema educativo, los docentes y padres relatan una realidad muy diferente, marcada por deserción escolar, escasez de materiales y condiciones laborales precarias. Profesores de primaria, secundaria y preuniversitario coinciden en que muchos jóvenes dejan los estudios para trabajar y ayudar económicamente a sus familias.
El contraste entre la propaganda oficial y la situación real pone de relieve la crisis estructural de la educación en Cuba, con un sistema que depende cada vez más del esfuerzo y los recursos de los padres y maestros.
