Decenas de vecinos de La Habana tomaron las calles en protesta contra los prolongados apagones que dejan a la capital a oscuras, mientras el gobierno de Miguel Díaz-Canel sigue sin soluciones efectivas.
Los barrios más afectados fueron Centro Habana, Lawton y Altahabana, donde niños, mujeres y familias enteras golpeaban calderos y bloqueaban calles, exigiendo lo que debería ser un servicio básico: electricidad.
La tensión creció cuando la policía llegó a despejar las calles, retirando obstáculos y aumentando los gritos de los manifestantes. En Los Sitios, madres con sus hijos denunciaron públicamente que el régimen es responsable de cualquier daño que pueda ocurrirles, mientras la escasez de agua y electricidad sigue afectando la vida cotidiana de la población.
El apagón se produjo tras un incendio en la unidad 4 de la termoeléctrica Antonio Maceo, que dejó fuera de servicio 250 megavatios. El déficit total de energía alcanzó los 1.842 MW el jueves, cifra que aumentará a 1.900 MW este viernes, según la Unión Eléctrica. Las termoeléctricas Felton, Mariel, Nuevitas y Renté continúan con unidades fuera de servicio, mientras otras están en mantenimiento, sin perspectivas claras de mejora.
Las manifestaciones no son un hecho aislado. Apenas el lunes, madres con sus hijos bloquearon la calle Monte exigiendo agua, enfrentándose a la policía mientras esperaban una pipa custodiada para poder abastecerse. La desesperación de la población crece día a día ante la incapacidad del gobierno para garantizar servicios básicos.
Estos cacerolazos y bloqueos evidencian que la paciencia de los habaneros se agota. La oscuridad que hoy cubre la ciudad no es solo física: es la metáfora de años de abandono, mala gestión y un sistema que prioriza la propaganda sobre la vida cotidiana de su gente.
