El Gobierno cubano ha ido tolerando la expansión del sector privado, pero más por necesidad que por convicción. Así lo afirma Ricardo Torres Pérez, profesor de American University en Washington y autor del estudio “Sector privado en Cuba: ¿Válvula de escape o motor de desarrollo?”, presentado por el Cuba Study Group.
En la investigación se destaca que en apenas dos años se han registrado más de 10.000 micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), responsables ya de cerca del 30 % del empleo en la isla. Sin embargo, el crecimiento de este sector choca con un “techo de cristal” impuesto por la falta de compromiso del Estado con la libre empresa.
Torres explica que Cuba atraviesa una crisis económica severa, con consumidores enfocados casi exclusivamente en bienes de primera necesidad y con un fuerte aumento de la desigualdad. A esta situación se suman controles estatales como inspecciones sorpresivas, cambios regulatorios, topes de precios y ajustes fiscales, que limitan la rentabilidad de los negocios privados.
Además, las restricciones financieras y las dificultades para operar con bancos estadounidenses obstaculizan el acceso al crédito y los pagos internacionales. Las recientes limitaciones en las visas para empresarios cubanos también frenan la búsqueda de oportunidades comerciales en el exterior.
El informe concluye que, aunque el sector privado ha llenado vacíos dejados por el Estado en áreas como comercio minorista, transporte y servicios, sigue siendo tratado como una válvula de escape para la crisis, no como un motor de desarrollo. Según Torres, “no hay pruebas de que la mayoría de los empresarios privados sean exfuncionarios o estén ligados al Gobierno”, y el Ejecutivo ve su expansión como una amenaza al sistema estatal.
El autor advierte que, sin cambios estructurales y sin apoyo financiero externo, el sector privado cubano difícilmente podrá traducir su resiliencia en crecimiento sostenido. Aunque genera empleo y cubre nichos de mercado, su aporte al PIB se mantiene muy por debajo de su potencial.
La combinación de crisis interna, restricciones estatales y bloqueo financiero estadounidense mantiene al empresariado privado en una posición frágil. Pese a ello, Torres señala que, si se facilitaran exportaciones y acceso a financiamiento, muchos negocios podrían duplicar o triplicar su volumen de ventas.
