El presidente cubano Miguel Díaz-Canel regresó a la isla tras una gira por Vietnam, China y Laos con escasos resultados concretos. Pese a las fotos oficiales y la narrativa optimista, el viaje se percibe como un nuevo fracaso en la búsqueda de alianzas económicas que alivien la crisis de Cuba.
Un recorrido sin acuerdos sustanciales
Díaz-Canel participó en actos oficiales en Hanoi y Pekín, se reunió con altos dirigentes y asistió a eventos con empresarios. Sin embargo, según fuentes oficiales y medios independientes, el único beneficio tangible fue la promesa de Vietnam de donar 15 millones de dólares y la producción en China de cien millones de aspirinas para el mercado cubano. Ningún convenio relevante de inversión quedó firmado.
Críticas internas y externas
La población cubana y opositores calificaron la gira de “pedigüeña” y “burla al pueblo”. Denuncian que mientras los ciudadanos sufren apagones, escasez y hambre, el gobierno gasta miles de dólares en viajes sin resultados. Economistas y diplomáticos señalan que la falta de reformas, la corrupción y los impagos a empresas extranjeras desincentivan cualquier negocio con el Estado cubano.
El contexto económico
Cuba mantiene deudas millonarias con China, empresas como Huawei y Yutong, y ha incumplido compromisos comerciales, como el acuerdo de exportación de azúcar. Analistas explican que, sin un marco jurídico que favorezca al sector privado y atraiga inversión, las promesas de cooperación quedarán en papel mojado.
Un liderazgo debilitado
La gira pretendía mostrar a Díaz-Canel como interlocutor de potencias asiáticas, pero en la práctica reforzó la imagen de un régimen aislado y sin capacidad para generar confianza en inversores. En palabras de un economista habanero, “si el gobierno no cambia su política económica, ningún empresario serio querrá asociarse con el Estado”.
