La captura de Nicolás Maduro en Caracas por fuerzas estadounidenses provocó un sismo político inmediato en América Latina, pero también expuso una verdad largamente documentada y sistemáticamente negada por La Habana: la participación directa del régimen cubano en el andamiaje de poder venezolano.
El reconocimiento oficial de Cuba de que 32 de sus ciudadanos murieron durante la operación marcó un punto de quiebre. Según el propio gobierno cubano, los fallecidos formaban parte de las fuerzas armadas y de los servicios de inteligencia del país. La Habana decretó dos días de duelo nacional, sin aclarar públicamente qué funciones cumplían ni por qué se encontraban en Venezuela al momento del operativo.
La admisión contradice años de declaraciones oficiales en las que el régimen cubano negó tener presencia militar activa en territorio venezolano, más allá de misiones “técnicas” o “cooperación bilateral”.
Un vínculo construido desde el poder
Analistas coinciden en que la relación entre ambos regímenes fue mucho más profunda que una simple alianza ideológica. Desde los años de Hugo Chávez, Cuba se convirtió en un socio estratégico para garantizar el control interno del Estado venezolano, especialmente en áreas sensibles como inteligencia, contrainteligencia y seguridad presidencial.
El politólogo venezolano Jorge Jraissati ha señalado que el apoyo cubano fue determinante para consolidar el poder chavista. De acuerdo con su análisis, asesores de La Habana participaron en el diseño de sistemas de control electoral, en la supervisión de fuerzas armadas y en la creación de mecanismos para neutralizar disidencias dentro del propio aparato estatal.
Estructuras de seguridad bajo influencia extranjera
Investigaciones internacionales previas ya habían advertido sobre esta penetración. Acuerdos bilaterales firmados en 2008 permitieron a Cuba acceder a sectores clave de las Fuerzas Armadas venezolanas y a organismos de inteligencia, con capacidad para entrenar personal, reorganizar agencias y desarrollar sistemas de vigilancia interna.
Uno de los organismos más señalados fue la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), transformada con el tiempo en una herramienta destinada a detectar fisuras internas y asegurar lealtad absoluta al poder político.
La Misión Internacional Independiente de la ONU sobre Venezuela confirmó posteriormente que asesores cubanos participaron en procesos de reestructuración institucional, entrenamiento de oficiales y adopción de métodos de seguimiento e interrogatorio.
Represión y control social
Exfuncionarios venezolanos y organizaciones de derechos humanos han sostenido que estas estructuras jugaron un rol central durante las protestas masivas de 2014 y 2017. En esos períodos, las fuerzas de seguridad respondieron con arrestos arbitrarios, uso excesivo de la fuerza y prácticas que organismos internacionales calificaron como violaciones sistemáticas de derechos humanos.
La ONU documentó patrones de detención ilegal, tortura y ejecuciones extrajudiciales, señalando que el aparato de inteligencia venezolano operaba bajo una lógica de control total del disenso político.
Consecuencias regionales
La muerte de personal cubano durante la captura de Maduro convirtió años de informes, filtraciones y denuncias en un hecho político imposible de ignorar. Para expertos en geopolítica, la revelación obliga a replantear el papel de Cuba en la región y el grado de dependencia que el régimen de La Habana mantuvo respecto al poder venezolano.
La caída de Maduro no solo abre interrogantes sobre el futuro político de Venezuela, sino que deja al descubierto el alcance real de una alianza que durante décadas operó en las sombras.
